SOY PROFESIONAL DE LA SEGURIDAD PRIVADA Y PUNTO, SIN ADJETIVOS NI CONDICIÓN.

En el mes de enero del año 2018, la vigilante de seguridad privada Dª BNC, se encontraba desarrollando su labor de vigilancia en las oficinas de empleo de un pueblo cercano a Madrid.

En un momento dado, se acerca un varón de origen magrebí con su, la que dice,  cónyuge también oriunda del mismo país.
Dadas las normas del derecho de admisión del centro público, únicamente se permitía el acceso a la zona de tramitación de actos administrativos al interesado en el procedimiento, es decir, la persona que debía cumplimentar el trámite.
Tras dirigirse ambas personas a la zona anteriormente citada, la vigilante de seguridad privada le indica al varón, que debe aguardar en la zona de espera, pues su esposa es la que debía realizar el trámite administrativo y no él, tal y como figuraba en la documentación.
El sujeto, reacciona de forma colérica y le indica a la vigilante que no debía dirigirse a él ya que ella, la profesional de la seguridad privada,  es una mujer y, que sin importar ninguna de las condiciones profesionales ni personales de la misma, por el mero hecho de ser una mujer, no podía hablar con un hombre hasta que se le diera permiso.
La vigilante de seguridad, estupefacta ante tal aseveración, le volvió a indicar, haciendo caso omiso de tamaña aberración y ciñéndose a su profesionalidad, que eran las normas de admisión y que su deber era que se respetaran a la vez que informar a los usuarios de las mismas, tal y como estaba haciendo.
El sujeto agarró a la vigilante de un brazo, la zarandeó y trató de apartarla, sin poder llegar a hacerlo, porque la vigilante de seguridad privada, se mantuvo estoica ante él sin apartarse.
El sujeto comenzó una diatriba lacerante con insultos menoscabando su condición de mujer y que no merecen ser reproducidos en este acto.
Inmediatamente, los funcionarios llamaron a la Policía, y el sujeto huyó del lugar con su mujer, no obstante, fueron identificados por la Policía poco después.
Tras ello la vigilante de seguridad privada , contactó inmediatamente,con los servicios del Centro TDPE, los cuales le indicaron los pasos a seguir y la asesoraron en los actos ulteriores. 
Se realizaron los análisis jurídicos pertinentes y el equipo jurídico del Centro TDPE, el abogado y el perito del uso de la fuerza, elaboraron la estrategia defensiva pertinente.
Tras el juicio, se condenó al sujeto por un delito de lesiones psicológicas leve y un delito de malos tratos de obra, indemnizando a la vigilante de seguridad con la cantidad de 500€ en concepto de responsabilidad civil “ex delicto”.
Desde aquí felicitamos a esta vigilante de seguridad, por su valentía y por defender y dignificar el trabajo de los vigilantes de seguridad, no soportando tales atropellos y saber donde acudir para defender sus derechos. Ni queremos comentar, por obvio y por dignidad, lo de los insultos y menosprecios del autor a la condición de mujer de la profesional de la seguridad privada.
Agradecemos, valoramos y reconocemos la labor de los vigilantes de seguridad privada, muchas veces denostados y olvidados. Estamos en el mismo barco, compañeros.
Protegemos a los que nos protegen, también, como no podía ser de otra forma, a los profesionales de la seguridad privada.
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